El furioso Saúl
Después que David mata a Goliat, el pueblo de Israel lo convirtió en un héroe.
“Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles.”
Como se imaginarán, ya comenzaron los problemas. El rey Saúl comenzó a sentir celos de David y deseos de destruirlo al punto de que trató de matarlo en seis diferentes oportunidades.
La ira de Saúl deja asombrado a David, pero; ¿que ha hecho él para merecer ese trato?. Ha devuelto la esperanza al pueblo de Israel cuando venció al filisteo, era el músico que le tocaba el arpa al rey Saúl para tranquilizarlo cuando estaba atormentado, (David tocaba muy bien el arpa), le traía más éxito que todos los siervos de Saúl, entonces: ¿por que Saúl le deseaba el mal y lo maltrataba?
¡Yo he sentido esa sensación!. ¿No la has sentido tu?. Estoy segura/o que te has encontrado con actitudes de profesores, de amigos, compañeros de trabajo, alguna pareja que tuviste o que tienes, hijos, y de otros que te hacen preguntarte: ¿Por qué me desean el mal si solo les he hecho bien?.
No sabemos como Dios va a responder o como los tratará a ellos. Qué va a hacer con ellos. Pero sí sabemos que Dios provee a sus hijos, de un amigo fiel. Esto lo vemos en la historia de David.
Jonatán, el hijo del rey Saúl, no solo se convirtió en el mejor amigo de David, sino que lo protegió contra las acechanzas de su padre. Le advertía el peligro, le regaló su espada y lo cubrió con sus ropas de príncipe.
Contar con un amigo del alma que solo busque tu felicidad, que te permita ser tú, con el que te sientes seguro de que no va develar tus más íntimos secretos, que no busque nada a cambio, no es fácil encontrar, pero David lo encontró y nosotros lo podemos encontrar en Jesús, el Rey de Israel. Recuerden sus palabras finales “y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). El nos promete que nadie nos podrá arrebatar de su mano (Juan 10.28).
Entonces usted tiene dos caminos ante un trato injusto, puede quedarse obsesionado con esa persona que lo dañó o revolcándose en el lodo (la circunstancia que lo hirió) o puede pasarse más tiempo con su amigo Jesús, pidiéndole que cure sus heridas, revelando su temor, su deseo de venganza y rogándole que limpie su corazón al punto de perdonar a aquel que le maltrató. Para eso, debe tener comunión íntima con él, hablarle, suplicarle, desahogarse y después buscar en su Palabra consuelo. Poco a poco, el irá restaurando su alma y las bendiciones, llegarán a su vida.
Puede ser que su Saúl no haya desaparecido, pero.... ¿qué importa?; usted está con su amigo, quien lo librará del furor de sus adversarios.
Hasta la próxima entrega.