La muerte de Osama Bin Laden: ¿se ha hecho justicia?


C. René Padilla

La matanza de Osama Bin Laden por disposición del Presidente Barrack Obama se ha convertido en el tema más debatido en los últimos tiempos a nivel global. Tan pronto como el 1 de mayo pasado Obama anunció que el Comando Navy Seals había matado al jefe máximo de Al Qaeda, en los Estados Unidos se desató una efervescencia colectiva comparable a la que los amantes del fútbol en el Brasil o la Argentina celebran ante un triunfo que define a su equipo como campeón mundial después de una larga contienda.

Miles de ciudadanos estadounidenses se volcaron a la Times Square en Nueva York y a la Casa Blanca en Washington D.C. al grito de “¡USA! ¡Lo atrapamos!”. Para esa gente, con la muerte de Bin Laden concluía una etapa de casi diez años de buscar la manera de darle su merecido al autor intelectual del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 —el atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono— que dejó un saldo de 3.000 muertos y provocó la “Guerra contra el terrorismo” declarada por el Presidente George W. Bush. Para los celebrantes de la muerte de Bin Laden, y probablemente para muchos otros, no cabe la menor duda que, como afirmó Obama en su discurso del 1 de mayo, “se ha hecho justicia”.

Tal interpretación de la justicia, sin embargo, es inadmisible desde varios puntos de vista. Para empezar, la muerte de Osama no fue en cumplimiento de una sentencia emitida por un tribunal de justicia al final de un proceso judicial: fue un asesinato político en venganza por sus crímenes. El Presidente de los Estados Unidos es abogado y conoce la ley; sabe, por lo tanto, que el requisito mínimo para aplicar la pena capital es que el criminal sea juzgado formalmente por una corte y sentenciado a muerte oficialmente. Así procedieron los países aliados al final de la II Guerra Mundial en relación con veinticuatro criminales de guerra nazis cautivos. Aunque hubieran podido ejecutarlos sin mayor dilación, optaron por enjuiciarlos y demostrar así su respeto por la ley. En su discurso de iniciación del Juicio de Nueremberg, el juez Robert Jackson, fiscal jefe del Tribunal, dijo:

El privilegio de abrir el primer juicio en la historia por crímenes cometidos contra la paz del mundo impone una seria responsabilidad. Los delitos que tratamos de condenar y castigar han sido tan calculados, tan malévolos y tan devastadores que no permiten ser olvidados porque no es posible que se repitan. Que cuatro grandes naciones victoriosas y heridas se abstengan de vengarse y voluntariamente sometan a sus enemigos cautivos al juicio de la ley es uno de los tributos más significativos que el Poder ha rendido a la Razón.


Como resultado del Juicio de Nueremberg, todos los criminales fueron castigados, once de ellos condenados a muerte y tres a prisión perpetua. Es obvio que en el caso de Osama Bin Laden no hubo la menor intención de capturarlo para juzgarlo y hacer justicia: la consigna del Comando Navy Seals era matarlo, y se cumplió. No se hizo justicia, se ejecutó venganza. No triunfó la Razón sino el Poder.

Y el triunfo del Poder sobre la Razón no augura la eliminación del terrorismo en el mundo. Por el contrario, incrementa el odio y la violencia. Prueba de ello son las renovadas amenazas de Al Qaeda, de vengar la muerte de su líder. Osama ha muerto, pero Al Qaeda continúa con su odio exacerbado por el reciente asesinato cometido en nombre de la justicia.

En noviembre de 2001, un grupo de personas, entre ellas varios familiares de víctimas del atentado del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas, realizaron una caminata desde Nueva York a Washington D. C, portando una pancarta que decía: “Nuestro dolor no es un Grito de Guerra”. Al finalizar formaron un grupo denominado “Familias para un Mañana Pacífico” para expresar su convicción de que la seguridad que todos anhelamos no se basa en la violencia y la venganza. Quienes nos confesamos seguidores de Jesús de Nazaret, el Príncipe de Paz, no podemos menos que estar de acuerdo con esa convicción, dispuestos a renunciar a toda forma de violencia y a tomar en serio nuestra vocación de trabajar por la paz mediante la práctica de la justicia.

¡Me rindo!


¡Aquí estoy Señor! ¡Te necesito! Me declaro incapaz de manejar mi vida. ¡Me rindo! Ayudáme a entregarme cada día como sacrificio vivo y agradable (Romanos 12.1).
“y para todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” (Corintios 5:15)

Hoy Señor, solo me entrego a ti.
Toma mi mente y lo que pienso
Toma mis ojos y lo que veo
Toma mis oídos y lo que oigo
Toma mis labios y lo que hablo
Toma mi corazón y ve mis actitudes.
Toma mis manos y lo que hago
Toma mis pies a donde voy
Toma mi cuerpo, es tu templo.
Lléname con tu Espíritu Santo.
Quiero obedecerte. Quiero hacer tu voluntad.” 1

1. Tomado de Nueva Vida En Cristo, Vol. 1

Economía y vida plena: reflexiones en torno al día del trabajador


Por Nicolás Panotto
En el día del trabajador se recuerda un terrible hecho de la historia: los “Mártires de Chicago”, un grupo de obreros que a finales del siglo XIX fue ejecutado debido a su participación en diversas jornadas de protesta, en reclamo por una mejora en sus derechos laborales. Es un acontecimiento donde se conmemora la tragedia resultante de una tensión aún presente en nuestras sociedades: la injusticia que viven millones de personas a razón de la exclusión que crean mecanismos de producción, al igual que ciertas ideologías que fomentan el valor del consumo y la ganancia por sobre la vida y dignidad humanas.

¿Qué significa el trabajo para la sociedad actual? Una buena mayoría puede verlo como aquella tarea irremediable para “llegar a fin de mes” y cubrir los gastos cotidianos. Otros, como el camino para alcanzar distintas metas, sean una posición, un estatus social, la adquisición de ciertos bienes, etc. No nos olvidemos de aquel segmento mayoritario muy presente en nuestras sociedades que ve el trabajo como algo inalcanzable, como aquello lejano que sólo llega a algunos afortunados que están preparados o que poseen los contactos necesarios.
Como decíamos al inicio, el trabajo suele ser visto como un espacio de tensión. La fuerte exigencia del mercado y su performance hace de los trabajadores piezas de una maquinaria que en muchas ocasiones olvida su cuerpo, sus sentimientos, su contexto y, por sobre todo, su humanidad y dignidad. Pasan a ser objetos fácilmente descartables al no responder como se espera, donde el presupuesto prioriza otros intereses “más rentables”. Ni hablar de las relaciones injustas que se producen entre patrones y empleados, cuyas demandas no tienen sentido más que el aprovechamiento de un espacio de poder.
No quiero ser pesimista, pero hoy día injusticia es un sinónimo de trabajo.
Qué visión tan distinta encontramos en los textos bíblicos. Comenzando desde el Génesis, donde el trabajo de la tierra es una bendición directa de Dios (1.29). Hoy diríamos que es un “derecho inalienable” de cada persona contar con lo que necesita para satisfacer sus necesidades mas básicas y para lograr desarrollarse como sujeto. Es un derecho exigido por Dios mismo.
Encontramos también un fuerte juicio contra aquellos que oprimen y promueven prácticas laborales injustas. El inigualable pasaje de Levítico 25, donde se establece el año del Jubileo como práctica para impedir la acumulación de propiedades y promover la justa distribución de la tierra para el uso de todos, sentencia: “No se explotarán los unos a los otros, sino que temerán a su Dios. Yo soy el Señor su Dios” (v.17). Podemos ver que la justicia posee un epicentro teológico: la igualdad se deposita en que todos somos creación divina, y por ello mismo poseemos los mismos derechos frente a lo que Dios nos cedió.
En Deuteronomio 24.14-15 encontramos: “No explotarás al jornalero humilde y pobre, ya sea uno de tus hermanos o un forastero que residen en tu tierra, en tus ciudades. El mismo día le darás su salario, y el sol no se pondrá sobre esta deuda, porque es pobre y de ese salario depende su vida. Así no clamará contra ti a Yahvéh, y no te cargarás con un pecado”. Vemos, entonces, que las relaciones económicas injustas son pecado. De aquí el llamado constante de los profetas a obedecer estos principios y denunciar a aquellos que se aprovechan del derecho del prójimo, especialmente de los más pobres, para beneficio propio (Am 4,1; 6,3-6; 8,4-6; Miq 2,1-5; 3,9-12, entre muchos otros pasajes).
En el Nuevo Testamento, encontramos a un Jesús haciendo un llamado a vivir una vida justa y simple. “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?” (Mc. 8,36) Para Jesús, el valor de la vida no pasa por la obtención de bienes materiales sino por amar al prójimo. Por ello nos advierte: “Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón” (Mt 6.21) Más aún, podemos ver este principio en sus fuertes palabras contra los ricos, en la misma dirección que lo denunciaban los profetas (Lc 6.24-26; ver también 1 Tm 6.17-19, Stg 5.1-6).
Con este somero vistazo de algunos pasajes bíblicos, vemos que las actividades económicas de las personas son un tema importante para Dios. Más aún, es una capacidad con la que fuimos creados para desarrollarnos como seres humanos integrales y para satisfacer nuestras necesidades más básicas. La falta de trabajo, la pobreza, la injusticia, son contrarios a la voluntad divina. Más aún la explotación y la opresión. Dios cuida de su creación y hace un enfático llamado a la justicia.
Qué bueno sería que como iglesia podamos promover, en contraposición al binomio trabajo-injusticia, la relación fuertemente bíblica entre trabajo y vida plena. Estar del lado del Dios creador significa comprometerse con el bienestar de todos los aspectos de la vida. La iglesia es un importante actor social que puede lograr que ciertas demandas se escuchen con claridad. Por ello, frente a la memoria que nos evoca el día del trabajador, comprometámonos, desde la “memoria bíblica” del Dios preocupado por su creación, a denunciar las injusticias y promover espacios laborales sanos que sirvan a la dignificación de las personas en todos los aspectos de su vida.

Las sombras del naranjo


por Marcelo Paladino

Era un verano muy caluroso, hasta el aire tenía calor y se peleaba con la brisa por un lugar en la sombra que era propiedad del señor naranjo; un veterano de la zona que resistió los avatares del abandono.
Es así, que el aire pactó con la brisa preguntarle al naranjo si podían usar su sombra de vez en cuando. El sabio frutal les respondió;
¿ Por qué no se ponen de acuerdo? ¡Hagan algo para evitar sufrir este calor! ¡Tal vez así no tengan necesidad de mi!. La brisa contestó que el aire era un pesado y que con él no tenía onda. A su vez, el aire replicó afirmando que la brisa era demasiado suave como para producir algún cambio en la temperatura.
Los dos tienen su razón, pero ¡es fácil usar mis servicios sin costo alguno!. Yo les propongo un negocio. Vos aire, jugarás con la brisa y entre los dos refrescaran mi sombra.
Poco a poco los tres, nos sentiremos mejor, nos veremos beneficiados y disfrutaremos de la compañía del otro.
Así lentamente, el aire comenzó a corretear a la brisa, quien despeinaba al naranjo y sin saberlo los tres estaban pintando un cuadro colorido y solidario.
Cuando el aire y la brisa se fatigaron de tanto jugar, el señor naranjo permitió que descansaran debajo de su, ahora, fresca sombra.

En este tiempo de decadencia humana, necesitamos tomar consciencia de que nuestra espiritualidad debe influir positivamente en los cambios de rumbo de esta sociedad en permanente cambio.
El trabajo en equipo, requiere de honestidad y compromiso para alcanzar los objetivos propuestos y políticas claras en el control de gestión.
En el diseño de cualquier proyecto, el trabajo en equipo es indispensable. De este sistema de trabajo depende el éxito o no del proyecto, que en muchos casos, se trata de proyectos de vida.
La problemática que se presenta en el cuento es la necesidad de beneficiarse utilizando fuentes externas, esfuerzo y tolerancia a la hora de compartir un proyecto.
La constante evaluación de nuestros valores y motivaciones, tiene directa relación con nuestra calidad de vida; que nos permite - como en el cuento - que todos disfrutemos de una fresca sombra.

Por eso, dejemos de criticarnos unos a otros. Mejor tratemos de no hacer nada que pueda perjudicar la fe de nuestro hermano o llevarlo a cometer pecados.
Rom 14:13

Perfume para el Maestro

Por Harold Segura C.

«María tomó un frasco de perfume muy caro —casi medio litro de nardo puro— y lo derramó sobre los pies de Jesús; después lo secó con sus cabellos. La casa entera se llenó de la fragancia de aquel perfume»
Juan 12:3


Perfumar a Jesús, ¡qué cosa más bella y al mismo tiempo más sorprendente! La mujer que derramó el frasco de nardo puro fue María, la hermana de Lázaro. Ella, queriendo honrar a Jesús hizo este gesto a la vista de los discípulos. Ellos la criticaron, en especial Judas, el tesorero del grupo, diciendo que el perfume era muy costoso y que mejor hubiera sido invertir su precio en favor de los pobres. ¡Cálculo exacto y certero! El relato aclara que «…dijo esto porque era ladrón y, como tenía a su cargo la bolsa del dinero, robaba de lo que depositaban en ella» (Juan 12:6).
Tenemos, entonces, a una mujer generosa que con amplitud de corazón da todo lo que tiene para honrar a Jesús, y un hombre ambicioso que con estrechez de espíritu invoca el servicio a los pobres para obtener su propio provecho.
¡La mujer está en el centro de la escena! «Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo es bueno» (Marcos 14:6), replica Jesús ante la avalancha de murmuraciones que lanzan los discípulos (porque no fue sólo Judas). ¿Ha hecho algo bueno? Sí, bueno, y más que eso, hermoso (el término griego que usa el evangelista Marcos es kalós, que significa propiamente lindo, bonito o hermoso).
He aquí el camino de una nueva espiritualidad tan necesaria como la del servicio a los necesitados: la de hacer cosas lindas que demuestren abiertamente nuestro amor a Dios. Es de este amor que surge el amor a todo lo demás.
Para seguir pensando:
«Amar es darlo todo, incluso darse a sí mismo»
Teresa de Lixieus (1873-1897)
Vale que nos preguntemos:
¿Qué cosas lindas o hermosas pudiera hacer para expresar mi amor a Dios? Si lo hago, ¿a qué críticas me expongo por parte de otras personas de la comunidad de fe?

Oración:
Padre nuestro, gracias por tu amor. Alabo tu nombre porque eres grande, tierno y majestuoso. De ti viene la fuerza del amor, para servir al prójimo sin fingimiento y para amarte a ti, Señor, de corazón.
Amén.

EL MUNDO CRUJE


Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo porque los días son malos.
Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor
Efesios 5:15-17


En apenas pocas semanas, una acumulación de hechos sacudió al mundo en todos los órdenes, con un denominador común: muerte, desolación, destrucción y por sobre todo, miedo a lo que vendrá.

A nivel político
Desde el punto de vista político, la tecnología implacable y silenciosa, encendió la mecha para que miles de jóvenes expresaran su rebeldía vía el uso de internet en Egipto,y así comenzaron las protestas que llevaron a la impensable revolución que luego se propagó como una mancha de aceite en Marruecos, Argelia, Túnez, Siria, Bareihn, Yemen y Jordania, entre otros países de Medio Oriente. Pueblos cansados de la falta de libertades y de gobiernos autoritarios que parecían eternos.
En Libia primero los aviones de la coalición internacional comandada por EEUU, Francia y el Reino Unido y luego las fuerzas de la OTAN, surcaron los cielos descargando misiles tratando de frenar masacres de civiles y paralizando los pozos petroleros en apoyo de los rebeldes que buscan terminar con una dictadura de 41 años.

Climáticamente
Casi en simultáneo, cayó un aluvión de desastres sobre Japón, país que aún preparado como ninguno para defenderse ante los desastres climáticos, sucumbió con pérdidas hasta ahora imposibles de calcular, pero que en el mejor de los casos suman más de diez mil muertos, seiscientos mil desplazados y más de tres millones de personas sin acceso al agua potable ni a la electricidad.
El alerta nuclear llevó a decir a la máxima autoridad de energía de la Unión Europea, que Japón “estaba en manos de la Divina Providencia” y que la situación de la central nuclear de Fukushima era “apocalíptica” por las explosiones de los reactores y la liberación y contaminación de material radiactivo. La tragedia inició un debate a nivel mundial sobre los avances nucleares que se prolongará y profundizará seguramente.

Económicamente
Todas estas circunstancias, sumadas a una nueva crisis de deuda europea (Grecia, Irlanda, Portugal) y una economía norteamericana aún débil podrían anular cualquier posible recuperación de las principales economías mundiales.
En lo que va del año, el petróleo aumentó considerablemente, y los especialistas no dudan es señalar que pueden volver a aumentar sus precios, provocando un mayor encarecimiento de los alimentos.
Según la FAO, que es en las Naciones Unidas la organización que se ocupa de la Alimentación y la Agricultura, el aumento ya registrado y cosechas escasas, hicieron que pasaran en seis meses a la línea de pobreza más de cuarenta millones de personas.
Estas son señales de impacto económico en muchos rincones del mundo y seguramente alcanzarán a muchas otras regiones del planeta acrecentando la incertidumbre.

Que mundo nos espera.
La población del planeta se duplicó desde la década del 60 pasando de tres mil a casi siete mil millones de personas, de las cuales el sesenta por ciento son menores de 25 años y viven en países en desarrollo.
La extensión del promedio de vida de los seres humanos ha generado a su vez nuevas situaciones, por un lado la necesidad de dar ocupación y calidad de vida a los adultos y por el otro, las dificultades de los gobiernos para el sostenimiento económico de los mismos.
La demanda cada vez mayor de países multipoblados como China o India, con legítimas pretensiones de mejores niveles de vida, agudizarán los precios de los alimentos, pero aumentarán a la vez la brecha entre los que puedan alimentarse y los que no. Basta señalar que cerca de mil millones de personas sufren hambre en el mundo y el treinta por ciento de la mortalidad infantil es producto de la malnutrición.

Que hacer como cristianos
El tsunami que afectó las costas de Japón parece ser un buen ejemplo de lo que como cristianos experimentamos y parece que debemos esperar del mundo en el que vivimos. Olas de hasta diez metros que se elevan y golpean espiritualmente nuestra fe, haciéndonos perder equilibrio.
La Biblia, nos enseña que vendrán tiempos malos, pero nos exhorta a redimir ese tiempo, en la seguridad de que Dios escucha nuestras oraciones, librándonos de la angustia.
Claman los justos y Jehová oye, y los libra de todas las angustias. Salmo 34:7
Debemos ser consecuentes al orar aún para decirle a Dios que la situación nos abruma, que nos sentimos sobrepasados, tristes.
Pero sepamos que cuando nos preguntemos por qué el cielo parece hacer silencio, es porque el Señor no quiere dejar de escuchar una sola de nuestras palabras.
Miremos a nuestro alrededor.
Cada uno de nosotros como cristianos tenemos víctimas que lamentar, temores que alejar, pérdidas que llorar entre los que nos rodean.
Más que nunca seamos fieles testigos, predicando, llevando la Palabra a quienes no la conocen, ayudando al necesitado, confortando al que lo necesita, haciendo la paz, viviendo rectamente, procurando la justicia y el bien.
Que nuestro accionar diario muestre a Jesucristo en palabra y acción.

* Tomado de Reflexión Bautista

¿Qué enseña la Biblia sobre “maldiciones generacionales”?


Por Juan Stam
Una de las muchas novedades teológicas de nuestra época es la doctrina de “maldiciones generacionales”, que enseña que una persona puede nacer bajo una sentencia de castigo (”maldición”) por pecados que cometieron sus antepasados. A menudo esa maldición se entiende en términos mágicos como un maleficio, con una especie de hechicería santa. Así resulta que uno puede nacer cargando la maldición de sus padres, abuelos o hasta bisabuelos. Y como la humanidad es bastante pecadora, sería de suponer que muy pocas personas hayan nacido sin alguna maldición a cuestas.
Entre los que más han predicado esta doctrina, en forma muy elaborada, son los pastores Edwin y Ana Lucía Orozco del programa “DiosTV”. Afirman que esa maldición queda en el esperma y el óvulo que forman el feto, por lo que hay reemplazar el ADN del pecado con el ADN de Dios. Otro aspecto de esta enseñanza es el concepto de la iniquidad como la corrupción interna que trae maldición generacional. En palabras de ellos,
La Iniquidad es transmitida al ser humano desde su concepción y se hacen (sic) más fuertes en cada generación, se robustece de maldición, pero que los padres tienen la potestad de establecer herencia de bendición para los hijos cortando estas raíces de iniquidad.
Debemos de entender que estamos marcando una generación futura a partir de hoy al romper estos ciclos de iniquidad, porque mientras estas raíces estén activadas en nosotros afectará nuestra vida y la de nuestras generaciones futuras.
Dios es un Dios de Generaciones y las iniquidades de nuestros ancestros seguirán en nosotros hasta que logremos cortarlas; estas raíces que constituyen el elemento oculto en nuestro ser, en nuestras emociones más íntimas y del apego que podamos tener con la realidad a la que estemos atado, cortando con estas iniquidades les damos así a nuestros hijos un futuro libre, un camino allanado, un destino profético que Dios nos ha heredado, le daremos las llaves que triunfen en todo siempre cuando ellos no activen estas raíces.
Es obvio que el aspecto “generacional” de toda esta enseñanza se basa en el segundo mandamiento del decálogo y unos textos más en Éxodo y Deuteronomio:
…yo soy Jehová tu Dios,[i] fuerte, celoso,
que visito la maldad de los padres sobre los hijos
hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,
y hago misericordia a millares [de generaciones],[ii]
a los que me aman y guardan mis mandamientos.
Éxodo 20:5 (cf. Deut 5:9)
…¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso;
tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;
que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad,
la rebelión y el pecado…
que visita la iniquidad de los padres
sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos
hasta la tercera y la cuarta generación. (Ex 34:6-7)
Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel,
que guarda el pacto y la misericordia
a los que le aman y guardan sus mandamientos,
hasta mil generaciones;
y que da el pago en persona al que le aborrece,
destruyéndolo. (Deut 7:9)
Aunque el idioma hebreo tiene varias palabras para “maldición”, estos textos no mencionan ninguna de ellas. Dicen más bien que Dios “visita” los pecados sobre las sucesivas generaciones. El sentido principal de este verbo hebreo es igual que “visitar” en castellano. Su sentido básico es “preocuparse por”; la NVI lo traduce bien con “estar pendiente de” (Sal 8:4 “tomarlo en cuenta”; cf. Job 7:17). Dios visita la tierra y la riega (Sal 65:9). Muchas veces este mismo verbo hebreo significa visitar para salvar (Ex 3:16; 4:31; ¡el relato del éxodo! Cf. Gén 50:24-25; Rut 1:6), pero en otros textos, como los que acabamos de citar, significa visitar para castigar (Isa 13:11; Jer 5:9,29 hebreo).[iii]
Además, los textos básicos, en Éx 5 y Deut 20, no hablan de “iniquidad” sino de “maldad”, y Ex 34:7, que menciona la iniquidad, la rebelión y el pecado (como sinónimos funcionales), no afirma que Dios los convierte en maldiciones generacionales sino que en su misericordia los perdona. ¿Cómo es, entonces, que Dios visita la iniquidad hasta la tercera y la cuarta generación, si ya la perdonó? La respuesta está en el concepto bíblico de la persona humana como ser social, en una solidaridad corporativa. La Biblia no conoce el individualismo de nuestro pensamiento moderno, de personas como entes en sí, independientes de la comunidad a que pertenecen. Entonces, la maldad tiene consecuencias morales y sociales sobre la familia y la sociedad, y en esas consecuencias Dios está “visitando” a su pueblo.
Es claro que estos pasajes no dicen absolutamente nada que podría significar “maldiciones generacionales”. No habla de maldiciones en ninguna parte, sino del amor y la justicia de Dios con que se preocupa por nosotros (”nos visita”). Ni mucho menos indica algo de un ADN programado con maldiciones de antepasados. Especulaciones de este tipo revelan una muy grave falta de respeto hacia el texto inspirado.
Es obvio que estos pasajes no destacan la maldición de los malvados sino la primacía de la misericordia de Dios. Si las consecuencias del pecado se extienden hasta cuatro generaciones, el amor y la misericordia de Dios llegan hasta mil generaciones. Es posible que “cuatro generaciones”, más que una frase literal de una maldición matemática, sea un modismo para expresar las consecuencias del pecado sobre la familia y la sociedad.[iv] De cualquier forma, “donde el pecado abundó [cuatro generaciones], la gracia sobreabundó [mil generaciones]“. Si existieran “maldiciones generacionales”, tiene que haber también “bendiciones generacionales”, y eso acumuladas sobre mil generaciones. El teórico ADN de esta teoría tendría que codificar centenares de pecados y muchos miles de bendiciones, y sin duda el saldo sería a favor de la bendición y las misericordias de Dios.
Para concluir, debemos mencionar que otros textos bíblicos refutan la idea de un castigo divino contra familiares inocentes. El mismo libro de Deuteronomio aclara que “los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado” (Dt 24:16; cf. 2R 14:6). El profeta Ezequiel se opone enérgicamente a esta doctrina de castigos y méritos heredados e insiste en la responsabilidad personal de cada uno:
Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
¿Qué pensáis vosotros, los que usáias este refrán sobre la tierra de Israel,
que dice: Los padres comieron las uvas agrias,
y los dientes de los hijos tienen la dentera?…
He aquí que todas las almas son mías;
como el alma del padre, así el alma del hijo es mía;
el alma que pecare, esa morirá.
Y el hombre que fuere justo, e hiciere según el derecho y la justicia…
éste es justo; éste vivirá, dice Jehová el Señor…
El que guardare mis decretos y anduviere en mis ordenanzas,
éste no morirá por la maldad de su padre;
de cierto vivirá…
Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará el pecado de su padre?
Porque el hijo hizo según el derecho y la justicia…
el alma que pecare, esa morirá;
el hijo no llevará el pecado del padre,
ni el padre llevará el pecado del hijo;
la justicia del justo será sobre él,
y la impiedad del impío será sobre él. (Ezq 38:1-5,9,17-20).[v]

En conclusión: lejos de fundamentarse fielmente en la Palabra de Dios, la enseñanza de “maldiciones generacionales” es un abuso del texto bíblico. Es otra especulación fantasiosa de algunos predicadores que no se cansan de inventar nuevas doctrinas para deslumbrar a su público y mantenerlos cautivos de sus aberraciones. Lejos de ser un mensaje fiel a la Palabra, es otro intento de manipularla, y manipular al público creyente.
Todas estas especulaciones contemporáneas plantean una pregunta muy seria: ¿en qué punto una simple enseñanza equivocada llega a ser una herejía? ¿No será que tenemos que redescubrir el concepto y la realidad de la herejía?
Es hora de levantar la voz de protesta contra estas novedades anti-bíblicas.
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[i] Sobre el nombre “Jehová” ver nuestro artículo, “Yo soy el que soy”, 15 de junio de 2010. En este ensayo citaremos la versión Reina Valera, por ser ésa en la que se basa el concepto de maldiciones generacionales.
[ii] Es claro, tanto por la lógica como por el paralelo en Deut 6:9, que la palabra “millares” aquí significa “mil generaciones”.
[iii] En todos estos textos el verbo hebreo es PaQaD, “visitar”, aunque a veces la traducción no lo indique. En Jeremías 23:2 PaQaD se emplea primero de pastores que no “visitaban” a las ovejas (no se preocupaban por ellas), y después de Dios al “visitarlos” con castigo.
[iv] Si hay un bisabuelo con bisnietos, las cuatro generaciones pueden estar viviendo simultáneamente. “Cuatro generaciones” parece significar “toda la familia”, los que están vivos en determinado momento.
[v] El capítulo 18 de Ezequiel nombra específicamente un gran número de pecados sociales e insiste en la práctica de la justicia y el bien social.

Anne Frank, en El diario de una joven



Anne Frank, en El diario de una joven, escribió: "Rehúso edificar mis esperanzas sobre una base de confusión, miseria y muerte." Ella comprendió que la esperanza se establece en algún sitio, más allá de nuestras circunstancias inmediatas. En efecto, la esperanza genuina, con frecuencia se sosteniene en la oscuridad.
¿Cómo era capaz, esta joven de manifestar tal brío y convicción, más allá de su corta edad? Ella no permitió que la devastación que imperaba en aquel entonces moldeara su proyección hacia la vida. He aquí sus palabras: "Es realmente un milagro, no haber abandonado mis ideales... aún los conservo. Puedo escuchar el estruendo que se aproxima, sentir el dolor de millones, y no obstante, si alzo los ojos al cielo, pienso que todo va a estar bien."
No podemos imaginar cuántos horrores padecieron Anne Frank y su familia en el holocausto nazi, pero sí sabemos que su padre sobrevivió. Incluso, las palabras de Anne también permanecen vivas.
Años más tarde, el diario de esta joven que enfrentó uno de los períodos mas sombríos de la historia de la humanidad, ha sido leído por varias generaciones. Cualquiera se conmueve con aquel que decide tener esperanza en medio de la desesperación.
La adversidad, de vez en cuando, es parte de la existencia. A la hora de la prueba, tenemos las mismas alternativas que Anne: Aferrarnos a nuestros ideales o abandonarlos. Cuando las circunstancias suenen como "estruendo cercano", recuerda la sencilla verdad que acompaño a esta joven judía.
Un cimiento elaborado con los materiales correctos, contribuye a una vida de victoria. Abrazar con firmeza sus propios ideales, a pesar de las circunstancias, es un sello de personalidad.
Fuente: Amanecer con Dios.
Esforzaos, y aliéntese vuestro corazón, todos vosotros que esperáis en el SEÑOR. Salmos 31:24

La violencia en el mundo actual


por René Padilla

Las noticias acerca de actos de violencia, muchos de ellos con consecuencias fatales, son noticias de todos los días. Desde que me propuse escribir este artículo, mi problema no ha sido encontrar ejemplos para ilustrar ese terrible flagelo. Mi problema ha sido, más bien, decidir qué ejemplos mencionar y qué otros dejar por fuera.

Una abundante cosecha de ejemplos proviene de países, especialmente en el mundo árabe, donde los frecuentes atentados suicidas que dejan como saldo decenas de muertos y heridos tienen generalmente un sentido religioso. Pero no hay que olvidar que también tuvo un sentido religioso, aunque de un signo diferente, la invasión de Irak por parte de los Estados Unidos en marzo de 2003, la que dejó desde ese entonces más de 100.000 muertos civiles y millares de familias desplazadas. Me cuesta pensar que haya algo más detestable a los ojos de Dios que la religión puesta al servicio de la violencia o ésta puesta al servicio de aquélla.

De la misma región del mundo provienen otros ejemplos de violencia: la desatada por parte de dictadores de larga data que no reconocen las señales de los tiempos. Tras la caída de Zine el-Abidini Ben Alí, después de 23 años en el poder en Túnez, y la de Hosni Murabak, con más de 30 años de dictadura en Egipto, Muammar Khadafi piensa que, con un brutal despliegue de violencia, puede prolongar su dictadura de más de 40 años en Libia. Haciendo uso de ametralladoras y cazas de combate, las Fuerzas Armadas libias han matado a cientos, tal vez miles, de manifestantes. En vano para Khadafi: como Ben Ali y Mubarak, lo más probable es que él también, pese a la feroz represión, sea derrotado por el pueblo. ¿Qué sucederá ahora en esos países por tanto tiempo dominados por regímenes a cargo de una pequeña minoría que es una lujosísima isla en medio de un mar de pobreza denigrante?

A quienes vivimos en este lado del océano, lo que sucede en el mundo árabe no nos afecta en gran medida, por lo menos no directamente. A lo mucho, tratamos de mantenernos informados sobre las repercusiones de los cambios que se están dando, generalmente a un alto costo en términos de vidas segadas por la violencia. En nuestras tierras hemos superado la época de las dictaduras, varias de ellas tan sangrientas como las actuales del mundo árabe. No hemos superado, sin embargo, la violencia de la delincuencia urbana, ni la del narcotráfico, ni la del imperio de turno con su presupuesto militar de 553 millones de dólares para 2012. Y tampoco hemos superado un tipo de violencia que hoy afecta directamente a muchas familias, incluso a muchas que profesan la fe cristiana: la violencia doméstica, mayormente perpetrada por el hombre contra la mujer.

Las cifras de femicidios (o feminicidios) en América Latina son alarmantes. Basta citar unos pocos ejemplos en promedios: en Chile hay 1 femicidio por semana; en Uruguay, 1 por mes; en Perú, 12 por mes; en Guatemala, 58 por mes; en Argentina, 1 cada 36 horas. El victimario más común es pareja o ex pareja, amante, padre, novio o pretendiente de la víctima. Es, pues, violencia machista, una fatal expresión de la opresión de la mujer en todos los ámbitos de la vida social y en todas las clases sociales. Según la ex Presidenta chilena Michelle Bachelet, “Entre las mujeres de 15 y 44 años, los actos de violencia causan más muertes y discapacidad que la suma de las provocadas por el cáncer, la malaria, los accidentes de tránsito y la guerra”.

A la luz de este terrible terrorismo machista, celebramos que en la Argentina acaba de disponerse, en el ámbito del Ministerio de Justicia de la Nación, la creación de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género. Esta comisión, coordinada por la Dra. Perla Prigoshin, se ocupará de profundizar la lucha contra la violencia de género mediante el establecimiento de sanciones de los distintos tipos y modalidades de violencia contra las mujeres, conforme la normativa nacional e internacional. Asimismo, celebramos la formación de ONU Mujeres, la nueva agencia de las Naciones Unidas diseñada para empoderar a la mujer y combatir el machismo bajo la dirección de Michelle Bachelet.

Estas y otras medidas similares que apuntan a combatir la violencia contra la mujer merecen nuestro entusiasta apoyo. Son expresiones de la acción del Espíritu de Dios en la sociedad secular, aunque no se reconozcan como tales. Sin embargo, no exoneran a la iglesia de su responsabilidad de formar personas que reconocen que tanto el hombre como la mujer son portadores de la imagen de Dios y que, consecuentemente, no hay lugar para la discriminación, menos aún para la violencia, contra la mujer por parte del hombre.

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En memoria de Orlando


por Roberto Rado

Siempre miraste arriba, a las montañas.
Como si ellas enamoradas, te llamaran
esperando que al fin la conquistaras
y su cima con amor abrazaras.

Admiré tu esfuerzo y sacrificio
y siempre te tuve como ejemplo.
Porque no se hace cumbre sin esfuerzo
y la cúspide es lugar de los valientes.

Hoy te fuiste a escalar otras alturas
sin tu pesada mochila de alpinista.
Sin sogas que te aten a la piedra
ni grampas que sostengan tu cuerpo.

Te fuiste a escalar donde no hay nubes
que oculten el destino de la cima.
Donde sólo la luz de Su mirada
es la guía que marca tu sendero

Hoy te fuiste más alto que cualquiera
ascendiendo peldaño tras peldaño.
Porque toda tu vida fue un ejemplo
de cómo llegar hasta las alturas.

De cómo te aferraste a La Roca
para avanzar un poco cada día.
Compartiendo el progreso en tu subida
con infinitas alegrías.

Montañero de cielos te has sumado
a los miles que suben cada día
al monte más alto, al más santo
y al que todos alguna vez conquistaremos.

Y mientras tanto caminamos
hacia el lugar en que le adoraremos
junto a miles de millones peregrinos

Anhelamos ser fieles como fuiste, compañero,
y abrazarte un día en el cielo.

Agranda la puerta, Padre

por José Luis Lozano

“Si alguno quiere ser mi discípulo, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame.” (Lucas 9.23).
“Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de Dios les pertenece”. (Mateo 5.3).

Un filósofo y literato español del siglo pasado, Miguel de Unamuno, de un temperamento ardiente y apasionado, muy combativo y enérgico, padeció dramáticos conflictos interiores y tremendas agonías en su fe precisamente por no querer aceptar con humildad y sencillez la realidad de su condición humana. Y cuando al fin, reconoció su debilidad, bellamente lo expresó con esta oración:

Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar;
la hiciste para los niños.
Yo he crecido, a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad,
vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar.


Reconocer nuestra debilidad es sin duda uno de los grandes secretos para alcanzar la verdadera vida. El apóstol Pablo lo expresaba de la siguiente manera: “Tres veces le he pedido al Señor que me quite ese sufrimiento, pero el Señor me ha dicho: Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad. Así que prefiero gloriarme de ser débil, para que repose sobre mi el poder de Cristo” (2 Corintios 12. 8-9).

El dolor nos acerca a Cristo

Muchos de nosotros, podemos dar fe de esta verdad. Diferentes situaciones dolorosas que hemos vivido nos han acercado a la gracia y al amor del Señor.
Paradójicamente, hemos sentido mas cercana la presencia de Dios en medio del dolor. ¿Será que Dios puede habitar mejor nuestra vida cuando estamos mas vulnerables, cansados y débiles?.

Una confesión sincera

Hace unos años atrás, compartí; (ver Hacia una teología que cuide el corazón), como la muerte de mi papa, mis inseguridades afectivas, mi búsqueda de identidad y carrera deportiva, entre otras cuestiones, me llevaron a mantener con Dios una relación “utilitarista y de trueque”. Casi llegué a creer que podía manipular los deseos de Dios y hasta llegar a fundamentarlos por medio de una vida “ejemplar” con objetivos “solidarios”. Expresé también que si bien mantuve con Dios una relación sincera, fue equivocada desde lo metodológico y actitudinal.

Hoy me doy cuenta, que no basta con cambiar lo metodológico y lo actitudinal. Es necesario autoproclamarse incompetentes. Morir a toda posibilidad de realizar buenos y solidarios esfuerzos humanos. Olvidarme de mi mismo y tomar mi cruz cada día siguiendo al Señor de la vida. Ni siquiera las obras solidarias, eclesiales, educativas y/o humanísticas son suficientes. Reconocer nuestra debilidad y vulnerabilidad, como bien señaló Miguel de Unamuno, es condición clave para apreciar la belleza de la vida.

¡Que podamos apreciar y disfrutar la belleza de tu creación!. Enséñanos a morir cada día y danos el coraje para declararnos incompetentes.

"Proseguir a la meta aunque..." (para emocionarse)

Cada vez que reproduzco este video, no puedo dejar de emocionarme.¡Qué determinación, que admirable! Tampoco puedo dejar de asociarlo a la vida. ¡Qué ejemplo de persistencia! Es interesante notar el rostro de alegría de la atleta al levantarse de sus caídas.

¿Necesitas Brisa en el Alma?



A veces nos sentimos sofocados por las presiones de la vida y entonces como que anhelamos un poco de brisa en el alma. Refresca tu alma ahora con estas suaves brisas:
El fracaso es tan solo la oportunidad de comenzar de nuevo más inteligentemente. –Henry Ford
El éxito… parece estar ligado a la acción. La gente exitosa está en movimiento. Comete errores, pero no se rinde. –Conrad Hilton
La única cosa que se interpone entre un hombre y lo que él quiere en la vida es a menudo únicamente la voluntad de intentarlo y la fe para creer que es posible. –Richard M. Devos
Las cicatrices que adquirimos al ejercitar valor nunca nos harán sentir inferiores. –D. A. Battista
En el momento en que tenemos en nuestro corazón esta cosa extraordinaria llamada amor y sentimos la profundidad, su delicia, y su éxtasis, descubriremos que el mundo está transformado para nosotros. –J. Krishnamuriti
Un caballo de carrera que puede correr una milla en unos pocos segundos menos que otro, vale el doble. Esa pequeña diferencia tiene gran valor. –John D. Hess
La persona exitosa sacará provecho de sus errores y lo intentará de nuevo en una manera diferente. –Dale Carnegie
La honestidad es el primer capítulo del libro de la sabiduría. –Thomas Jefferson
Se nos dice que nunca debemos cruzar un puente hasta que lleguemos a él, pero este mundo pertenece a quienes han “cruzado puentes” en su imaginación por delante de la multitud. — Biblioteca de los Voceros
El punto de inicio de todo logro es el deseo. Mantengamos constantemente esto en mente. Deseos débiles traen resultados débiles, tal y como un fuego pequeño produce una pequeña cantidad de calor. –Napoleon Hill
¿Oportunidades? Están a nuestro alrededor… Hay poder yaciendo latente por todos lados esperando que el ojo observador lo descubra. –Orison Swett Marden
La mayoría de la gente se rinde justo cuando están a punto de lograr el éxito. Abandonan en el último minuto, a un pie del gol de la victoria. –H. Ross Perot
Hagámonos una pregunta: ¿es mi actitud digna de imitar?
No dejes que el calor de la vida te sofoque por dentro… deja que estas brisas te refresquen, pero recuerda, quien refresca el espíritu humano es Dios.

Jesús dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Exodo 33:14.

* Fuente: Renuevo de Plenitud

Abebe Bikila - El Poder de la simpleza

Abebe Bikila (nació el 7 de agosto de 1932 – murió a los 41 años de edad el 25 de octubre de 1973). Fue un atleta etíope, dos veces ganador de la maratón olímpica. En Roma 1960 y Tokio 1964. La maratón olímpica de Roma en 1960 la ganó descalzo y estableció una marca mundial con un tiempo de 2 hs 15 m 16 s. En los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, el estado físico de Bikila estaba bastante debilitado. Había sido operado de apendicitis seis semanas antes de la maratón, lo cual afectó su programa de entrenamiento para dicha prueba. No obstante, y aunque esta vez utilizó zapatillas, volvió a obtener la medalla dorada y nuevamente estableciendo una nueva marca mundial: 2 h 12 m 11 s.
Ver Video histórico

Una simple oración


por José Luis Lozano
“Dios mío, no me abandones aun cuando esté yo viejo y canoso, pues aún tengo que hablar de tu gran poder…” (Salmo 71:18)

Recuerdo que en los campeonatos mundiales de patín carrera, el momento de la largada de una competencia, se convertía en una ceremonia con mucha adrenalina. La línea de largada se transformaba en toda una reunión de oración. Los diferentes corredores de cada país, rezaban culturalmente a su manera. Unos se arrodillaban, otros se persignaban, algunos con mas carisma alzaban sus brazos al cielo y en voz alta gritaban por ayuda. Todo un “culto de peticiones espirituales a Dios”.

En ese contexto, recuerdo que yo le decía al Señor algo así como:

“…Señor, te doy gracias por la vida, por tener salud y poder hacer lo que me gusta. ¡Ahora es momento de que me ayudes a ganar!. ¡Para esto me entrené y me sacrifique!. Hice todo lo que pude y prometo ahora, hacer y dejar todo en la carrera. ¡Ayudáme a ganar!”.

Con los años, la vida nos va enseñando, que no todo pasa por ganar una carrera, y que no siempre las cosas salen como uno las planifica. La civilización cartesiana en la que vivimos, nos ha llevado a establecer una primacía de lo visible sobre lo invisible, de aquello que se mide y se pesa sobre lo que no se mide ni se pesa, del hacer sobre el ser, del homo faber sobre el homo religiosus, y tristemente, esta primacía, no nos ha ayudado ni preparado para disfrutar de la aventura de vivir.

Paul Tournier1 expresa:
“Luego de haber militado por una causa contra otra, por un proyecto contra otro, por una iglesia contra otra, uno accede a la tolerancia, que no es ni indiferencia, ni dimisión, sino nueva aventura de amor”.

Es bueno y necesario, que nos preparemos para el triunfo, es bueno y necesario que busquemos la excelencia en todo, pero también es necesario y conveniente que tengamos claramente definidas nuestras intenciones o motivaciones personales en nuestras acciones cotidianas para este nuevo año.; ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Cuál es el propósito final de mis acciones?

El salmista refleja muy bien sus intenciones cuando expresa: “¡no me abandones…porque aún tengo que hablar de tu gran poder!”.

Ya no te pido que me ayudes a ganar. Solo enséñame a vivir plenamente y en amor, porque aún tengo que hablar de ti.

1 TOURNIER, Paul. Médico, psicólogo y pastor suizo, en “La aventura de la vida, Buenos Aires, Ed. La Aurora, 1976, p.286.

El valor de lo cotidiano


Colosenses 3:23

por José Luis Lozano

“Fue allí, en la cocina llena de humo, vistiendo un delantal raído y sosteniendo una sartén de mango desgastado, donde María recibió la visita de Dios”1 .

Siempre quise que Dios me hablara y se comunicara conmigo de la misma manera que lo hizo con los profetas y los personajes bíblicos. Deseaba oír claramente su palabra y conocer su voluntad. ¿Qué quiere Dios que yo haga? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Para qué?
Comencé entonces a estudiar las escrituras teniendo en cuenta esta consigna: ¿En qué condiciones contextuales Dios le habló a Noé, Abraham, Moisés, Elías, Eliseo, David, María, a los discípulos, entre otros?.
Fue muy interesante ir descubriendo en cada uno de los personajes, algunos elementos comunes que me ayudaron a comprender mejor la soberanía de Dios.

A modo de ejemplo compartiré solo algunos de ellos:

Moisés cuidaba las ovejas de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas muy lejos en el desierto y llegó al cerro de Horeb, esto es, el Cerro de Dios. “Allí fue cuando el Ángel de Yavé se presentó a él…” . Allí, en su trabajo cotidiano, secular, no religioso, fue cuando Dios le habló a Moisés.

En 1Reyes 19:19, vemos que la primera referencia que se hace a Eliseo lo presenta arando, haciendo la tarea de un labrador. No fue está la primera ni la última vez en que Dios eligió a desconocidos trabajadores rurales para realizar grandes cosas para su reino.
Por otro lado, ni Samuel ni David eran “líderes” de la historia. El primero lloraba por Saúl, mientras que el último pastoreaba las ovejas de su padre cuando Dios los llamó. El Señor es quien le dio la revelación a Samuel para que fuera a Belén y ungiera a un hombre que no conocía y que cuidaba ovejas. Igualmente, fue el Señor quién, algunos capítulos antes (1 Samuel 9), actuó con Saúl y a través de la pérdida temporal de sus burros y la instrucción de su siervo, eventualmente lo trajo ante Samuel y lo ungió como rey. En otras palabras, el Señor es el líder y el soberano y nos busca, nos habla, nos llama, mientras estamos en nuestros quehaceres cotidianos y seculares.
¿Qué decir de los apóstoles? ¿Qué trabajos hacían cuando Jesús los llamó?. En Mateo 9:9, leemos que cuando Jesús llamó a Levi (Mateo), estaba sentado, haciendo su trabajo de cobranza. En Marcos 1:16, Simón y su hermano Andrés estaban echando la red al agua.

En los Juegos Olímpicos de Londres 1948, la estrella fue una mujer holandesa llamada Fanny Blankers Koen, que ganó cuatro medallas de oro. Cuando le preguntaron cual era su trabajo cotidiano además de realizar los entrenamientos, ella dijo: “Tengo 32 años, dos hijos y soy ama de casa “.

Nosotros como María, anhelamos que mientras estemos en esa cocina llena de humo, con un delantal raído y sosteniendo una sartén de mango, un ángel nos visite y nos diga: “Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios!. ¡El Señor está contigo! (Lucas 1:28).

Ayúdanos a realizar de tal manera nuestros trabajos cotidianos, que seamos dignos de que nos visites, de recibir tu favor y de sentir tu compañía.

1 Valdir Steuermagel, Hacer teología junto a María, Buenos Aires, Ediciónes Kairós, 2006.

Los malvivientes


Por Elisa Padilla
Llegó ese momento del culto dominical en que acostumbramos compartir con la comunidad nuestros motivos de agradecimiento y petición. Una vez más, el momento se convirtió en un espacio para hacer teología – es decir, para relacionar la enseñanza bíblica con la vida cotidiana. “Pido oración por nuestro país, para que se termine la violencia que nos tiene tan mal a todos”, dijo una señora, haciendo referencia a los episodios vividos durante la semana en Villa Soldati, Buenos Aires, donde cuatro personas murieron en el desalojo por parte de la policía de familias que se habían establecido en el parque Indoamericano. “Pero tengamos cuidado con la xenofobia; no nos comamos irreflexivamente lo que nos alimentan los medios de comunicación”, respondió otro hermano. Los tonos empezaron a elevarse: “¡Pero están matando a nuestros padres, hijos y hermanos! ¡Es imperante eliminar las ‘villas’ porque allí se esconden los criminales y malvivientes!”
Terminado el culto y la hora de charla informal en las puertas del templo, mi familia y demás agregados nos amontonamos en el viejo Peugeot. Nuestro destino era el Centro Kairós, donde una docena de “malvivientes” nos esperaba con el almuerzo listo. Al llegar, estaban ahí sentados en el quincho, no animándose aún a explorar el hermoso parque (tan distinto a sus habitáculos de pasillo de villa), con sus gorras tapándoles medio rostro, escuchando cumbia y reggaeton. Saludé a uno por uno con un beso, entremezclando algún chiste para recordar su nombre o porque por fin le ponía cara a un nombre escuchado repetidamente de labios de nuestro amigo Aníbal (principal artífice de la invitación para tal ocasión). Eran muchachos que tenían apenas unos años más que mis hijos. Uno, portador de VIH, con ambos padres fallecidos de SIDA. Otro, sin una pierna porque de chico se había caído del tren volviendo de jugar al fútbol. Otro, con un tiro en la pierna. Otro, con pedido de captura.
Los “malvivientes” cortaron tomates, pan y carne. Mezclaron jugos y sirvieron a las demás familias que habían sido invitadas al encuentro. Después de almorzar, Aníbal nos pidió a todos que nos sentáramos en una gran ronda de sillas bajo la sombra del palo borracho a escuchar las palabras del pastor René Padilla. En el relato elegido del evangelio de Lucas, Jesús les respondía a los religiosos que lo criticaban por comer con cobradores de impuestos y prostitutas (los “malvivientes” de su época). Y lo hizo mediante tres parábolas: la de la moneda perdida, la de la oveja perdida y la de los dos hermanos. En la tercera parábola, el menor de los hermanos tuvo que tocar fondo para darse cuenta de que su vida no podía seguir así y que necesitaba un cambio drástico. Cuando decidió volver a casa, su padre lo vio de lejos y salió a su encuentro. Lo besó, escuchó su confesión (“He pecado contra el cielo y contra ti…”) pero no le dio tiempo a terminar con su propuesta de trabajar para él como obrero: tomó enseguida la túnica, el calzado, el anillo y el becerro más gordo (el mejor asado estilo argentino). “Así Dios quiere recibirnos a nosotros:” -concluyó don René- “con un asado abundante y con la mejor carne de la hacienda”.
La semana pasada volví a mi viejo barrio de Villa Hidalgo (productora importante de “malvivientes”). Me impactó el mejoramiento de la zona en los últimos meses: la calle del jardín de infantes Colmenita estaba asfaltada; se habían construido veredas hasta el fondo del asentamiento para que, en días de lluvia, la gente no tuviera que chapotear tanto en el barro; estaba entubado el zanjón de podredumbre donde va a parar toda el agua desechada de los barrios altos y de las zanjas abiertas que atraviesan la villa; el barrio se está preparando para recibir cloacas; y los más desposeídos que viven del otro lado del zanjón, pronto tendrán luz eléctrica con tensión suficiente para todos.
En el momento del culto dominical donde los tonos habían subido a decibeles peligrosos que amenazaban con un estallido discordante, compartí esta realidad de Villa Hidalgo. El plan de mejoramiento del barrio, promovido por personas comprometidas con su prójimo y apoyado por planes del gobierno, eran pequeñas luces del reino de Dios y semillas de esperanza. Un hermano confirmó: “Lo que los cristianos debemos apoyar no es la eliminación de villas, sino su urbanización, es decir, la provisión de todos los servicios básicos de los cuales gozamos los incluidos. Eso es lo que significa ‘inclusión’”. Este comentario logró cerrar la discusión y aunar a la congregación en sus oraciones de intercesión.
En esta época en que celebramos el nacimiento de Dios como ser humano y repasamos el año 2010, sería bueno preguntarnos: ¿nuestra mesa navideña incluirá sólo a “bienvivientes”? ¿De qué maneras nuestra familia, comunidad de fe, ministerio u organización se relacionó durante este año con los sectores más débiles y excluidos de la sociedad? La opción de Jesús fue clara. Como dice el tango de Pagura (entonado por la delegación latinoamericana en el congreso mundial de Lausana III en Ciudad del Cabo este pasado octubre), Jesús “exaltó a los niños, las mujeres (otros “débiles” del momento), y resistió a los que de orgullo ardían.” Si nos hacemos amigos de “débiles y malvivientes” y nos atrevemos a violar la brecha que marca nuestra sociedad, guardando el dedo acusatorio, quizás logremos ver a las personas con los ojos de Dios, entender su realidad, descubrir su profunda belleza y empezar a invertir nuestra energía y recursos en la transformación de estas realidades de exclusión. Sin duda entre la basura, las armas, la droga, las aguas malolientes, el abandono y los pasillos embarrados, encontraremos las huellas de nuestro maestro.

Lo alabaré aunque...



por José Luis Lozano
Habacuc 3: 18-19
Le alabaré aunque no florezcan las higueras ni den frutos los viñedos y los olivares; aunque los campos no den su cosecha; aunque se acaben los rebaños de ovejas y no haya reses en los establos. Porque el Señor me da fuerzas; da a mis piernas las ligereza del ciervo y me lleva a alturas donde estaré a salvo.

Durante la 2da Guerra Mundial, Karoly Takacs; integrante del equipo olímpico húngaro de tiro con pistola y sargento del ejército, perdió su mano derecha al explotarle una granada defectuosa. Si bien, su mano derecha, era la que utilizaba para disparar, lejos de desanimarse, en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, con 38 años de edad y disparando con su mano izquierda, alcanzó la medalla de oro.
La vida esta llena de sucesos dolorosos e inesperados. Cuando pensamos que todo esta bien, es cuando surge lo nuevo, lo distinto, lo doloroso. ¿Qué hacer?. ¡Es tiempo de alabar!

Enséñanos a alabarte en toda circunstancia de nuestra vida. En las buenas y en las malas, porque solo tu eres quien nos das fuerzas y nos sostienes con tu mano de victoria.

Ruth Padilla Deborst - Video

com/urbana09">Urbana 09 on Vimeo.


Ruth Padilla DeBorst Es Secretaria General de la Fraternidad Teológica de América Latina en San José, Costa Rica. Enseña que Jesús recluta gente en movimiento, utilizando historias de la Biblia. Desafía a los asistentes a arrancar sus anteojeras y ver el mundo como Dios lo ve; "una familia transnacional".

El futuro del Movimiento de Lausana


3 Noviembre 2010 - 2 Comentarios
C. René Padilla

Las cifras relacionadas con el Tercer Congreso Internacional de Evangelización Mundial que se llevó a cabo en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, del 17 al 24 de octubre bajo el lema “En Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo” (2Co 5:19) son impresionantes. Estuvieron presentes más de 4.000 participantes de 198 países. Además, hubo unos 650 sitios de internet conectados con el Congreso en 91 países y 100.000 “visitas” de 185 países. Esto significa que muchos miles de personas de todo el mundo pudieron asistir a las sesiones por medio de internet. Doug Birdsall, el Presidente Ejecutivo del Movimiento de Lausana, probablemente tiene razón al afirmar que Ciudad del Cabo 2010 fue “la asamblea evangélica global más representativa de la historia”. Sin duda, este logro fue en gran medida el resultado de su esfuerzo de mucho tiempo para que eso sucediera.

Igualmente impresionantes fueron los muchos arreglos prácticos que se hicieron antes del Congreso. Además del difícil proceso de selección de los oradores para el plenario y para los “multiplexes” (seminarios electivos) y las sesiones de diálogo, los traductores y los participantes de cada país representado, había dos tareas que deben haber involucrado muchísimo trabajo antes del Congreso: la Conversación Global de Lausana para posibilitar que mucha gente alrededor del mundo hiciera sus comentarios e interactuara con otros aprovechando los avances tecnológicos contemporáneos, y la redacción de la primera parte (la teológica) del Compromiso de Ciudad del Cabo redactado por el Grupo de Trabajo Teológico de Lausana bajo la dirección de Christopher Wright.

Una evaluación positiva de Lausana III
La mejor manera de comprobar el valor de una conferencia como Lausana III es analizar los resultados concretos que ella produce posteriormente en relación con la vida y misión de la iglesia. Por esta razón, la presente evaluación de la conferencia que acaba de realizarse en Ciudad del Cabo tiene que considerarse nada más que como una evaluación preliminar.
Cada uno de los seis días del programa (con un día libre entre el tercero y el cuarto) tenía un tema:
1) Lunes: Verdad: comprobar la verdad de Cristo en un mundo pluralista globalizado.
2) Martes: Reconciliación: construir la paz de Cristo en nuestro mundo dividido y quebrantado.
3) Miércoles: Religiones mundiales: dar testimonio del amor de Cristo a personas de otras religiones.
4) Viernes: Prioridades: discernir la voluntad de Dios para la evangelización en nuestro siglo.
5) Sábado: Integridad: llamar a la iglesia a regresar a la humildad, la integridad y la sencillez.
6) Domingo: Coparticipación: coparticipar en el Cuerpo de Cristo con miras a un nuevo equilibrio global.

Cada uno de estos temas clave, calificados como “los mayores desafíos a la iglesia en la siguiente década”, era el tema del estudio bíblico y la reflexión teológica cada día por la mañana. El texto bíblico que se usaba en la serie intitulada “Celebración de la Biblia” era la carta a los Efesios. Uno de los aspectos más positivos del programa fue el estudio inductivo del pasaje del día en grupos, cada uno formado por seis miembros sentados alrededor de una mesa. Esto proveyó a los miembros del grupo la oportunidad de aprender juntos y de orar el uno por el otro, desarrollar nuevas amistades y construir alianzas para el futuro. Al estudio bíblico en grupos le seguía la exposición del pasaje de Efesios seleccionado para ese día. Sin minimizar la importancia de la música, el drama, las artes visuales, los relatos y las presentaciones de “multimedia”, un alto porcentaje de los participantes sintieron que el tiempo dedicado a “Celebrar las artes” podría haberse reducido para dar más tiempo a “Celebrar la Biblia”, una actividad que apreciaron muchísimo.

Cabe hacer mención especial de varios de los testimonios que dieron en sesiones del plenario por la mañana ciertas personas cuya experiencia de vida ilustraba claramente el tema del día. ¿Quién que haya estado allí podrá olvidar, por ejemplo, a la joven palestina y al joven judío que hablaron juntos sobre el significado de la reconciliación en Cristo por encima de las barreras raciales? ¿O a la misionera estadounidense que habló sobre testificar del amor de Cristo con personas de otras religiones, y contó cómo varios cristianos, incluyendo a su esposo, médico de profesión, fueron asesinados por musulmanes mientras regresaban de un pueblo aislado donde habían estado sirviendo movidos por la compasión cristiana en Afganistán?

En los multiplexes y las sesiones de diálogo de cada día por la tarde se exploraban en profundidad las implicaciones prácticas del estudio bíblico y la reflexión bíblica de la mañana. Por cierto, el debate más relevante sobre los diferentes temas no se realizaba necesariamente dentro de los límites de tiempo asignados en el programa sino en las conversaciones informales fuera del programa oficial. De todos modos, es un hecho que mucha de la reflexión más rica sobre asuntos relacionados con problemas globales contemporáneos se daba en las sesiones de la tarde. Estas sesiones participativas, en las que se tomaban muy en cuenta la comprensión de la diversidad de perspectivas representadas, la contextualización de ideas, modelos, contactos y materiales, y el compromiso para articular planes de acción, serán la base para la segunda parte del Compromiso de Ciudad del Cabo. El plan es publicar el documento de dos partes (la teológica y la práctica) con una guía de estudio a fines de noviembre.

De los veintidós multiplexes que se ofrecieron durante el Congreso, hubo especialmente tres que enfocaban asuntos que podrían considerarse como los más críticos para el hemisferio Sur: la globalización, la crisis ambiental, y la riqueza vs. pobreza. Estos tres factores están vinculados íntimamente entre sí y, en vista del enorme impacto que producen en millones de personas en el mundo de las grandes mayorías, merecen mucha más atención que la que han recibido hasta el momento por parte del movimiento evangélico.

Serias deficiencias
Según la definición oficial de su misión, el Movimiento de Lausana existe para “fortalecer, inspirar y equipar a la Iglesia para la evangelización mundial en nuestra generación, y exhortar a los cristianos sobre su deber de participar en asuntos de interés público y social”. Un análisis detenido de esta definición refleja la dicotomía que ha influido en un gran segmento del movimiento evangélico especialmente en el mundo occidental: la dicotomía entre evangelización y responsabilidad social. A causa de esa dicotomía, relacionada estrechamente con la dicotomía entre lo secular y lo sagrado, el Movimiento de Lausana se propone “fortalecer, inspirar y equipar a la Iglesia para la evangelización” pero sólo “exhortar a los cristianos” respecto a su responsabilidad social. El presupuesto implícito es que la misión prioritaria de la iglesia es la evangelización concebida en términos de comunicación oral del Evangelio, en tanto que la participación en asuntos de interés público y social—las buenas obras por medio de las cuales los cristianos cumplen su vocación como “luz del mundo” para la gloria de Dios (Mateo 5:16) — son un deber secundario para el cual los cristianos no necesitan ser fortalecidos, inspirados y equipados, sino sólo exhortados.

En la exposición bíblica del martes basada en Efesios 2 (el segundo día del Congreso) se aclaró, a partir del texto bíblico, que Jesucristo es nuestra paz (v. 14), hizo nuestra paz (v. 15) y predicó paz (v. 17). En otras palabras, en Cristo el ser, el hacer y el proclamar paz (shalom, vida en abundancia) son inseparables. La iglesia es fiel al propósito de Dios en la medida en que ella prolonga la misión de Jesucristo en la historia manifestando la realidad del Evangelio concretamente no sólo por lo que dice sino también por lo que es y por lo que hace. La misión integral de la iglesia está enraizada en la misión de Dios en Jesucristo, misión que involucra a toda la persona en comunidad, a la totalidad de la creación y cada aspecto de la vida.

La exposición bíblica basada en Efesios 3 al día siguiente puso en relieve la urgente necesidad que tiene el Movimiento de Lausana de aclarar teológicamente el contenido de la misión del pueblo de Dios. En contraste con lo que se había dicho el día anterior, el predicador designado para el miércoles afirmó que, si bien la iglesia se preocupa respecto a toda forma de sufrimiento humano, ella se preocupa especialmente por el sufrimiento eterno y consecuentemente está llamada a dar prioridad a la evangelización de los perdidos.

Una seria deficiencia de Lausana III fue no dar tiempo para la reflexión seria sobre el compromiso que Dios espera de su pueblo en relación con su misión. Lamentablemente, no hubo tiempo para dialogar sobre el Compromiso de Ciudad del Cabo, sobre el cual el Grupo de Trabajo Teológico dirigido por Christopher Wright había trabajado por un año con la intención de circularlo a comienzos del Congreso. Se repartió el documento apenas el viernes por la noche y no se tomaron medidas para que los participantes por lo menos escribieran sus comentarios personales sobre él antes del cierre de la conferencia en respuesta a preguntas específicas. Según el Comité Ejecutivo, ¡no había tiempo para eso! La postura negativa asumida por los organizadores del programa respecto a la recomendación de un grupo de participantes ancianos interesados en lograr que todos los participantes vieran el documento como algo suyo propio no sólo conspira contra ese propósito. Es también una señal que el Movimiento de Lausana está todavía muy lejos de alcanzar la coparticipación sin la cual no tiene base para considerarse un movimiento global.

En contraste con el tratamiento que recibió el documento producido por el Grupo de Trabajo Teológico, el miércoles se dedicó una sesión plenaria completa a la estrategia para la evangelización del mundo en esta generación —una estrategia elaborada en los Estados Unidos sobre la base de una lista de “grupos de gente no alcanzados” preparada por el Grupo de Trabajo Estratégico de Lausana. Tal estrategia reflejaba la obsesión por los números, típica de la mentalidad de mercado que caracteriza a un sector del movimiento evangélico de los Estados Unidos. Por otra parte, según muchos de los participantes del Congreso que conocen de primera mano las necesidades de sus respectivos países en relación con la evangelización, la lista de grupos de gente no alcanzados no hacía justicia a la situación real. ¡Curiosamente, en la lista no constaba ningún grupo no alcanzado en los Estados Unidos!

Otra deficiencia de Lausana III fue que, como señaló el Grupo de Interés en la Reconciliación ya hacia el final del Congreso, no se hizo ninguna mención oficial del hecho que éste estaba realizándose en un país que hasta hace pocos años estaba dominado por el apartheid y todavía sufre la injusticia social resultante de esa política. En efecto, el Congreso se realizó en el Centro Internacional de Convenciones que se construyó sobre tierra que se le reclamó al mar con los escombros del Distrito Sur de la Ciudad del Cabo cuando, en 1950, ese distrito fue declarado zona para gente blanca exclusivamente. En consecuencia, unos 60.000 habitantes negros fueron expulsados del área a la fuerza y sus hogares fueron arrasados por completo. Sin embargo, los organizadores de Ciudad del Cabo 2010 hicieron oídos sordos al pedido del Grupo de Interés en la Reconciliación que el Congreso, rechazara oficialmente “las herejías teológicas que dieron sustento al apartheid” y lamentara “el sufrimiento socioeconómico que es el presente legado del apartheid”. Uno se pregunta cuán serios son los líderes del Movimiento de Lausana en su compromiso con el Pacto de Lausana, según el cual “el mensaje de salvación encierra también el mensaje de juicio de toda forma de alienación, opresión y discriminación, y no debemos temer el denunciar el mal y la injusticia dondequiera que éstos existan” (párrafo 5).

La coparticipación en la misión y el futuro del Movimiento de Lausana
Un hecho que hoy reconocen y mencionan con frecuencia quienes tienen interés en la vida y misión de la iglesia a nivel global es que en las últimas décadas el centro de gravedad del cristianismo se ha desplazado del Norte y el Occidente al Sur y el Oriente. A pesar de eso, con demasiada frecuencia los líderes cristianos en el Norte y el Occidente, especialmente en los Estados Unidos, continúan dando por sentado que ellos son los encargados de diseñar la estrategia para la evangelización de todo el mundo. Como se afirma en la página sobre el “Día Seis – Coparticipación” del libro que contiene la descripción detallada del programa del Congreso, “la base del liderazgo organizacional, el control de los recursos financieros y el poder de decisión de la estrategia tiende a permanecer en el norte y el occidente”.

Tristemente, el mayor obstáculo para implementar una verdadera coparticipación en la misión es la riqueza del Norte y el Occidente; la riqueza que Jonathan Bonk, en su importante libro sobre Missions and Money (Misiones y dinero), ha descrito como “un problema misionero occidental”. Si esto es así, y si el Movimiento de Lausana va a contribuir significativamente al cumplimiento de la misión de Dios por medio de su pueblo, ha llegado el momento de que la fuerza misionera conectada con este movimiento, incluyendo a sus estrategas, renuncie al poder del dinero y modele la vida misionera en la encarnación, el ministerio terrenal y la cruz de Jesucristo.

Evangelio de la prosperidad: entre bendición y materialismo


Evangelio de la prosperidad: entre bendición y materialismo
La reciente conferencia evangélica de Lausana, celebrada en la Cuidad del Cabo – Sudáfrica, dejó a conocer que algunas partes de las escrituras estaban siendo mal interpretadas o hasta incluso deliberadamente manipuladas, al ser usadas para alimentar el materialismo. Este es el caso específico del ‘evangelio de la prosperidad’.

Tiene que haber una clara distinción entre la verdadera prosperidad bíblica y el evangelio del materialismo, afirman dos teólogos africanos.

El mensaje de que Dios bendice a los que dan, traspasa el límite de lo bíblico cuando el evangelio de la prosperidad cuando es utilizado para apoyar el estilo de vida extravagante de los predicadores, dijo Kwabena Asamoah, decano académico y profesor asociado de religión y teología pentecostal del Trinity Theological Seminary de Legon, Ghana, en la reciente conferencia de Lausana III.

Asamoah, quien también se desempeñó como investigador senior en el Centro para el Estudio Mundial de la Religión en la Escuela de Divinidad de la Universidad de Harvard en 2004, define el evangelio de la prosperidad como "la predicación, la interpretación, y la enseñanza de la Palabra de Dios que pone su énfasis en el consumismo para sugerir que la posesión de cosas materiales, y la riqueza son indicadores necesarios en el cristianismo en general y que cuentan con la aprobación de Dios ".

"La prosperidad no es ajena a la Escritura", explicó Asamoah durante la sesión titulada "La pobreza, la prosperidad y el Evangelio".

"Dios promete bendecir a su pueblo. Pero evangelio de la prosperidad distorsiona la bendición en el sentido que sólo lo ubica como bendición material".

El teólogo africano estuvo acompañado por Femi Adeleye, secretario general asociado del Movimiento Internacional de Estudiantes Evangélicos. Adeleye tiene un interés particular por la pobreza y la riqueza, y el evangelio de la prosperidad.

Adeleye se basó en Juan 10:10, un verso que a menudo se utiliza para apoyar la prosperidad material. Hizo hincapié en que la palabra griega utilizada para la vida en la Biblia es zoe, que significa la vida en el espíritu y en el alma. Zoe es diferente a bios, que se refiere a la vida física, material. Por lo tanto, lo que Jesús dice a sus seguidores es tener una vida abundante en el espíritu y no necesariamente en riquezas materiales.

"Es por ello que cuando debatimos acerca del evangelio de la prosperidad, es importante tener una educada interpretación bíblica", dijo Adeleye.

"Dar es parte de nuestra adoración, pero el evangelio de la prosperidad hace que el dar sea una actividad transaccional", comentó Asamoah. A los creyentes se les enseña que cuando hacen una ofrenda a Dios pueden esperar una rentabilidad determinada. Pero Dios bendice de acuerdo con su sabiduría y no es necesariamente la riqueza material.

"[Nosotros] no podemos utilizar la opción de comprar la gracia de Dios y esto es lo que hace evangelio de la prosperidad", dijo el teólogo de Ghana.


Fuente: Entre Cristianos

El perfil pedagógico de Jesús


por Elsie Romanenghi de Powell
Hace muchos años, cuando cursaba el secundario, saqué de la biblioteca del colegio La Vida de Jesús,de Renan. Sabía poco del autor, y menos aún si era agnóstico, liberal o creyente, pero hasta hoy recuerdo la sensación de leer a alguien que escribía muy bien y pintaba magistralmente las cualidades de Jesús como Maestro...

La religión de Jesús


Por Harold C. Segura

Jesús no fue un Maestro común y corriente que, como muchos, enseñara sin causar reacciones adversas por parte de sus oyentes. Jesús no fue así. Jesús dijo cosas que incomodaron a los religiosos de su tiempo, que enardecieron a los políticos y que causaron ira en sus demás enemigos. Su muerte en la cruz fue causada por quienes no soportaron más sus «irreverencias» y decidieron acallar su voz… ¡cómo si muriendo no hablara más claro y más fuerte!

Es entendible que desatara tanta furia cuando enseñaba en contra de las tradiciones religiosas y de los dogmas que los sacerdotes de su época habían acomodado para su propio bienestar. Eso se entiende. Lo incomprensible es que sus enemigos también reaccionarán cuando sanó a algunas personas. ¿Cómo se puede estar en contra de que un paralitico se levante o un ciego vea? Pero eso fue lo que sucedió.

Juan 9:1-42 narra la historia de un joven que era ciego y fue sanado por Jesús. Dice el evangelio que los religiosos de su época reaccionaron en contra de Jesús porque lo había sanado un sábado. ¡No puedo creer que gente tan experta en la ley del Antiguo Testamento respondieran de esa manera! Dijeron: «Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no respeta el sábado» (9:16). Para ellos era más importante respetar la institucionalidad religiosa que devolverle la vista a un ciego. Es decir, primero las normas, después el ser humano; la religón antes que la vida.

El texto del evangelio de Juan deja al descubierto lo absurda que puede llegar a ser una religión cuando olvida que el amor a Dios se expresa por medio del amor al prójimo. Para Jesús la vida plena estuvo siempre primero que las instituciones religiosas. Para él no había mejor manera de dar gloria al Padre que devolviéndole la vida a los que no la tenían (10:10). Que los cojos caminen, que los muertos resuciten, que los ciegos vean, que las viudas tengan consuelo, que los pecadores reciban perdón y que los niños y las niñas gocen de cariño; esta fue la religión de Jesús.

Tomado de Lupa Protestante

Lausana III, entre pesimismos realistas y esperanzas tercas

En este momento estoy en Sao Paulo, Brasil, en camino hacia Ciudad del Cabo, Sudáfrica, para participar en el anunciado Tercer Congreso Internacional del Movimiento de Lausana sobre Evangelización Mundial, que se realizará del 16 al 24 de octubre. Hay una historia detrás de este magno evento que se origina en el Primer Congreso celebrado en Lausana, Suiza, en 1974, y que reunió a 2700 líderes procedentes de 150 países del mundo. La revista Time opinó por aquellos años que esta había sido «posiblemente la reunión de cristianos de mayor alcance jamás convocada». A algunos de mis viejos profesores los escuché decir que aquel congreso había sido el equivalente al Vaticano II evangélico. Exageración que se comprende.

Desde aquel 1974, los cristianos, sobre todo los latinoamericanos comprometidos con la misión integral de la Iglesia, hemos hecho del Pacto de Lausana nuestro himno de batalla para declarar hasta el cansancio que la misión evangelizadora es más que palabras y que tiene que ver con la responsabilidad social y la promoción de la justicia en el mundo. Casi de memoria aprendimos a repetir el numeral cinco del documento:

Afirmamos que Dios es tanto el Creador como el Juez de todos los hombres. Por lo tanto, debemos compartir Su preocupación por la justicia y la reconciliación en toda la sociedad humana, y por la liberación de todos los hombres de toda clase de opresión. La humanidad fue hecha a la imagen de Dios; consecuentemente, toda persona, sea cual sea su raza, religión, color, cultura, clase, sexo, o edad tiene una dignidad intrínseca, en razón de la cual debe ser respetada y servida, no explotada. Expresamos además nuestro arrepentimiento, tanto por nuestra negligencia, como por haber concebido, a veces, la evangelización y la preocupación social como cosas que se excluyen mutuamente. Aunque la reconciliación con el hombre no es lo mismo que la reconciliación con Dios, ni el compromiso social es lo mismo que la evangelización, ni la liberación política es lo mismo que la salvación, no obstante afirmamos que la evangelización y la acción social y política son parte de nuestro deber cristiano. Ambas son expresiones necesarias de nuestra doctrina de Dios y del hombre, de nuestro amor al prójimo y de nuestra obediencia a Jesucristo. El mensaje de la salvación implica también un mensaje de juicio a toda forma de alienación, opresión y discriminación, y no debemos temer el denunciar el mal y la injusticia dondequiera que existan. Cuando la gente recibe a Cristo, nace de nuevo en Su Reino y debe manifestar a la vez que difundir Su justicia en medio de un mundo injusto. La salvación que decimos tener, debe transformarnos en la totalidad de nuestras responsabilidades, personales y sociales. La fe sin obras es muerta. Hech. 17:26,31; Gén. 18:25; Isa. 1:17; Sal. 45:7; Gén. 1:26,27; Sant. 3:9; Lev. 19:18; Luc. 6:27,35; Sant. 2:26-26; uan 3:3,5; Mat. 5:20; 6:33; 2 Cor. 3:18.

¡Cómo no celebrar lo que allí pasó! Se habló de la justicia, se mencionó la reconciliación, se insistió en la conversión como una experiencia de trasformación total y se usó el polémico término liberación. Claro, con las consabidas explicaciones evangelicales, ¡pero se dijo algo! Y esas eran las buenas nuevas del 74. ¿Conservadoras? Sí, mucho, pero oportunas y valientes dado el contexto evangélico mundial de aquellos años.

El Pacto contiene, en total, quince numerales, además de la introducción y la conclusión [http://www.comimex.org/08_lausana.shtml]. Allí se declaró, entre otros asuntos, el lugar del diálogo para la evangelización, el valor de la unidad del Cuerpo de Cristo para el cumplimiento de la tarea evangelizadora, el debido respeto que debe tener la labor misionera por la diversidad cultural y la necesidad de promover la libertad de conciencia. Viene bien leer de nuevo aquella declaración y celebrar lo que allí se afirmó, sobre todo si se tiene en cuenta el impacto que tuvieron esas afirmaciones en el surgimiento y desarrollo de nuevas maneras de comprender la misión de Dios y las responsabilidades que ella implica para el pueblo evangélico, en su gran mayoría conservador y reacio a mezclar a Dios con los asuntos de la justicia social y la práctica política.

Pero han pasado más de treinta y cinco años desde aquel entonces. Del Pacto de Lausana hemos hablado hasta la saciedad, sin por ello decir que haya sido aceptado y practicado con el mismo énfasis. Al Pacto le debemos mucho; nos ayudó a balancear nuestra fe y nos animó a comprometernos con los dolores de esta América Latina llena de injusticias y dolores. Con el Pacto se nos dio el permiso de soñar con una Iglesia presente en la sociedad, dialogante con los sucesos políticos y cuestionadora del orden establecido, así ese orden se quisiera imponer dentro de las mismas comunidades de fe. Gracias al Pacto o impulsados por él, surgieron en América Latina nuevos rostros evangélicos, orgullosos con su cuna evangélica, pero saludablemente críticos con los riegos del fundamentalismo evangelical.

A estos evangélicos críticos, como los llama Paul Freston, me precio de pertenecer. Somos los que pedimos que en el 2010 vayamos un poco más allá de lo que se declaró en 1974 (¿es pedir mucho después de tantos años?). Lausana I requiere de una puesta al día; que sin tanta timidez y con más arrojo profético digamos lo que debemos decir hoy ---lo que el Señor espera que digamos--- acerca de la evangelización en el mundo. Esto esperamos; aunque, en las últimas semanas, conversando con varios de mis amigos y colegas he escuchado sus prevenciones y desconfianzas con lo que acontecerá en Ciudad del Cabo. La ola de dudas es muy grande. Piensan que los sectores más conservadores de las iglesias evangélicas del mundo (por cierto es la Alianza Evangélica Mundial la principal convocante) interesados sólo en los modelos proselitistas de la evangelización impondrán su derecho de mayoría. Creen que la declaración final de Ciudad del Cabo no será tan integral y balanceada como la del año 1974. Opinan que se guardará venerable silencio acerca de los grandes males que aquejan este mundo bueno de Dios, como la pobreza, la injusticia, la violencia, los desastres ecológicos y los abusos del poder hegemónico, entre muchos otros. En fin, que Lausana III será cuatro pasos atrás respecto de Lausana I… y tienen razón.

Les doy la razón, es cierto todo lo que dicen, sin embargo también les he dicho que, en mi caso, llego a Sudáfrica con cierto dejo de esperanza inexplicable y terca. En Twitter escribí esta mañana: «Lausana III, ¿un paso adelante? ¿dos atrás? Espero que tres al frente. La esperanza nunca avergüenza». Algunos me han dicho que es mi edad. A lo mejor tienen razón. Aunque sería extraño que ahora los jóvenes fueran defensores del realismo pesimista (a la manera del brillante J. Saramago) y los más viejos los del idealismo esperanzado (a la manera del también brillante E. Sábato). Pero, bueno, todo es posible. Es cierto; llego con esperanzada expectativa y aún no entiendo por qué.

Sao Paulo, octubre 2010

Sobre el autor:
Harold Segura C., pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.

Entrevista al pastor y teólogo Juan Stam


Entrevistó: Edgardo Moffatt
Un desafío al compromiso profético















JUAN STAM (75), oriundo de Paterson, Nueva Jersey, es uno de los teólogos evangélicos «latinoamericanos» más pertinentes de la actualidad. Aunque es estadounidense de nacimiento, se nacionalizó costarricense como parte de un

proceso de identificación con América Latina que lleva más de cincuenta años. Últimamente, ha llamado mucho la atención su análisis teológico del discurso religioso del presidente de los Estados Unidos, George W. Bush.

Jonás y el despertar de la conciencia a una vida con propósito

La historia de Jonás es, más que un relato profético, un espejo de la experiencia humana. Dios lo llama a anunciar un mensaje a Nínive, pero...